La
pedagogía es el arte de la enseñanza. Como conjunto de enunciados que, más que
describir o prescribir formas específicas de proceder en la educación,
pretenden orientar el quehacer educativo, confiriéndole su sentido.
Este sentido puede ser buscado
hermenéuticamente (¿qué es lo que estamos haciendo?) o ideológicamente (¿qué
es lo que debemos hacer?) Y una tercera dirección que asume la pedagogía como
una especie de conocimiento implícito que básicamente definiría cuáles son las
formas de transmisión legítimas y cuáles son ilegítimas.
El
paso de una moral basada en la oposición entre deber o inclinación a una moral
basada en la expresión de los deseos y su regulación para la interacción y la
comunicación es la propuesta. Abordan “las fuentes de conocimiento” en la
escuela: jerarquías y relaciones: para mostrar que aunque se ha privilegiado
la “cultura académica” existen otras fuentes de conocimiento (experiencia
personal, la imaginación, el arte, las tradiciones no científicas, la analogía
no formalizable) que deben ser tenidas en cuenta.
Apoyados
en Habermas se insiste en que la ciencia y la técnica no constituyen la única
esfera de racionalidad desarrollada por la modernidad. También el derecho, la
moral, la crítica artística puede ser y han sido terrenos de una argumentación
racional elaborada, decantada por escrito y relevante para ciertas órbitas de
la acción. La ciencia no es más que un sistema cultural entre otros, nos dicen,
citando un profundo e importante trabajo de Yehuda Elkana. Estos cambios
pedagógicos afectan las fronteras de la escuela problematizando sobre esas
oposiciones y límites entre lenguajes y prácticas haciéndolos cada vez más
flexibles.
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